FACEBOOK SUSPENDE A TRUMP

Ashli Babbitt, una vida atrapada por las redes y la burbuja de WhatsApp

Ashli Babbitt, una veterana de las Fuerzas Armadas, junto a su marido. (Foto: YouTube/ Austin Kellerman/AaromBabbit)
Ashli Babbitt, una veterana de las Fuerzas Armadas, junto a su marido. (Foto: YouTube/ Austin Kellerman/AaromBabbit)
Trepidación en un Washington conmocionado. Enorme impacto en América Latina al descubrir en Estados Unidos el drama vivido en Venezuela, Nicaragua y Cuba de turbas movidas por odio y fanatismo.
Los acontecimientos se precipitan en Estados Unidos con un Donald Trump agazapado en la Casa Blanca y un vipresidente, Mike Pence, al frente de las acuciantes cuestiones de seguridad y de una situación política muy delicada.


Un 2021 de vértigo ha barrido ya los cisnes negros de 2020 de un plumazo. Habíamos asistido primero de forma insólita a como una pandemia -la peste de la COVID-19- tumbaba a la globalización y destruía los PIB de crecimiento, desarrollo y estabilidad.


Ahora, el ritmo de 2021, al llegar sólo al día 6, ya resultó más demoledor al fracasar un intento de golpe de estado en Estados Unidos. Las turbas que entraron en el Capitolio pretendían quemar las sacas de votos y fusilar a Mike Pence como el rebelde que se negaba a aceptar las órdenes de su presidente. Al comenzar los gritos, cristales rotos, y lanzamiento de gases, el Servicio Secreto, pistola en mano, salvó la vida al vicepresidente.



Los acontecimientos son de nuevo sorprendentes:

1. Facebook suspendió las cuentas de Donald Trump. Por primera vez -y hemos tenido que esperar cuatro años- Mark Zuckerberg ha reconocido que es demasiado arriesgado permitir que Donald Trump siga utilizando los servicios de la red social. La decisión de Mark Zuckerberg ha tenido un efecto arrastre. Las redes sociales como Twitter, también se han sumado al bloqueo al presidente.

2, Atención a que el asalto al Capitolio duró más de cuatro horas. Los seguidores de Trump se hicieron fuertes en el Congreso obligando a congresistas y senadores a esconderse y a estar protegidos por policías armados en horas de angustia y desconcierto.

3. Es muy relevante el detalle de que durante semanas, en las redes sociales, las milicias trumpistas hablaron abiertamente del plan de asalto al Congreso. Ni FBI ni CIA dieron seguimiento a estos mensajes. Ignoraron el odio que se estaba esparciendo en las redes sociales y en mensajes de WhatsApp.  

4. El Partido Demócrata ha pedido poner en marcha el proceso legal para destituir a Donald Trump. La secretaria de Transportes, Elaine Chao, ha presentado su dimisión al presidente. La renuncia supone la primera dimisión en el Gobierno en estos momentos.



5. Se ha planteado la enmienda 25ª: la vía legal para apartar al presidente. Para abrir el proceso, el vicepresidente y una mayoría del Gobierno deberían informar al Congreso por escrito de que Trump no puede cumplir con su tarea. ¿Se abrirá esa vía? ¿Podría un Trump colérico y ególatra dimitir antes y abandonar la Casa Blanca? ¿O busca que sea el Servicio Secreto y la Guardia Nacional los que efectúen su desalojo en un último acto histriónico y desafiante?

6. Finalmente, el Congreso confirmó el triunfo de Biden tras la revuelta instigada por Trump. Biden ya ha sido esta vez firme y exigente al instar a una transición de poder ordenada tras los actos violentos que acabaron con cuatro muertos.



La muerte de Ashli Babbitt

En el asalto hubo cuatro muertos. Fallecieron una mujer y dos hombres adultos -cuyos nombres no se han revelado- y que murieron por causas médicas. Sólo se produjo una víctima por disparos, Ashli Babbitt, de 44 años de edad. Perteneció durante catorce años a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. Estuvo en misiones en Afganistán, Irak y Kuwait.

Residente en San Diego, gestionaba un servicio de mantenimiento de piscinas junto con su esposo, Timothy McEnteeAshli Babbitt era muy activa en las redes sociales. Se definía como una patriota y era seguidora fiel de Donald Trump y de todos sus mensajes. Decidió acudir a la marcha en Washington cuyo último fin era el asalto del Congreso. Para ello recorrió 4.000 kilómetros.

"Nada nos va a parar, la tormenta está aquí y llegará a Washington en menos de 24 horas. De la oscuridad, a la luz", su último hilo en Twitter antes de viajar a la capital. Creía firmemente en las teorías de la conspiración y en que se produjo un fraude en las elecciones presidenciales del 3 de noviembre. Su vida se desarrollaba en las redes sociales y su muerte también quedó trágicamente reflejado en ellas. La linterna de un móvil iluminó en el momento en que un policía disparó sobre la turba de asaltantes.

Una muerte trágica y un proyecto de vida segado. La lección más dramática de quienes quedaron atrapados en una burbuja (o permanecen en ella por decisión propia) cerrando su vida a escuchar, comprender, razonar y aceptar que no se puede vivir en la realidad que no existe y que es inventada.

La muerte de Ashli Babbitt, la verdadera responsabilidad de Donald Trump. El aldabonazo que debe llamar a la reflexión. El desafío urgente de Joe Biden, el hombre que ganó una elección democrática y libre, que no es socialista ni comunista, ni preside tampoco un Partido Demócrata radical que solo busca venganza.

Luchar contra el relato de la difamación y la mentira, la tarea gigantesca a partir de ahora de un presidente que no pertenece a ninguna saga aristocrática ni a las élites de las costas Este y Oeste.

Solo ama profundamente a su país, construido por generaciones enteras desde su fundación sobre los valores cristianos, la democracia y la libertad de prensa. 

Ashli Babbitt, la mujer que nunca debió morir.
 

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